Poesía Escogida: Alberto Rojas Jimenez

No encendáis las lámparas…

no encendáis las lámparas
ni me llaméis.
Dejadme aquí sin luces.
Mi alma está mejor en la penumbra.

Ved cómo la sombra maravillosa
envuelve mi frente.
Mirad mis manos,
mirad mi aspecto dulce
y que os oiga decir:
“Dejadlo está soñando,
dejadlo solo, allí sin lumbre”

Otoño

Ven, Otoño.
Entra en mi cuarto.
Como a un antiguo amigo
te estrecharé en mi abrazo.

Todo lo mío será tuyo:
Las rosas, los libros, el piano.

Hasta mi querida, Otoño,
sobre la rosa de su carne
pondrá tu oro pálido.

Y así será tuya.
Tuya y mía, y compartiremos
sus caricias y sus besos cálidos.

Entra, Otoño.
No apoyes tu gavilla de oro
en los cristales.

Entra y espárcela por todo
hasta cubrir mi alma.

Invitación

Querida.
Yo no tengo qué darte.
ni collar ni sortija.
Los Hombres
ya lo han tomado todo.

En mi pobreza
tan sólo el cielo siento
que me abriga.
Un día hasta tú dejarás
de ser mi amiga.

Entonces
quedaré más solo,
desnudo y triste ante la vida.

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